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(La Paz, 19 de octubre de 2003)
Señor Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, señor general de Aviación, Roberto Claros; señor jefe de estado Mayor general de las Fuerzas Armadas, general de Ejército, Gonzalo Rocabado Mercado; señor Inspector General de las Fuerzas Armadas, almirante Mario Gutierrez Rea; señores viceministros de Defensa y de Apoyo al Desarrollo Integral; señores comandantes del Ejército, Fuerza Aérea y Fuerza Naval; señores Directores Generales del Ministerio de Defensa Nacional; señor Comandante general de la Policía Nacional; señores Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas; Inspectores Generales de las Fuerzas; señores generales, almirantes, oficiales, suboficiales, caballeros cadetes, soldados, señoras y señores.
Creo que en las circunstancias en que esta viviendo el país, mi obligación, mi compromiso es hablar con franqueza y hablar con claridad. No estamos en un tiempo que no permita los matices en las palabras o las vueltas para buscar encarar temas que son profundamente importantes y que hacen al difícil momento que nos ha tocado vivir.
Y voy a dirigirme a ustedes, a las Fuerzas Armadas de mi Patria con franqueza y con claridad.
Quiero primero- e inequívocamente- hacer un reconocimiento al papel de las Fuerzas Armadas de la Nación en los 21 años de democracia que acabamos de cumplir. El primer desafío del pueblo boliviano cuando mira juzga y opina sobre nuestras Fuerzas Armadas es hacerlo en el contexto de la historia reciente y no solo y exclusivamente en el contexto de los dramáticos episodios que hemos vivido en los últimos días y en los últimos meses. Y si somos coherentes con una mirada seria del papel de nuestras Fuerzas Armadas en 21 años , no podemos menos que reconocer que han cumplido una tarea de respeto, en todo el sentido de la palabra, a la Constitución, a su mandato democrático y a la preservación de la integridad y la soberanía del país.
Dicho esto, es importante intentar un análisis de los días que hemos vivido. Y en este contexto es indispensable mirar causas y efectos. Por una serie de circunstancias que venimos arrastrando desde hace años - sino desde hace siglos- la sociedad boliviana, el movimiento popular, los sectores excluidos y discriminados de nuestro país han ido incrementando, no solamente en la calidad, la intensidad, sino también la actitud, movimientos que han generado conflictos sociales.
No tengo la menor duda que la esencia de esas demandas es legítima. No tengo la menor duda de que el Estado y los gobiernos de Bolivia, están en deuda con la mayoría de los bolivianos, pero no puedo menos que expresarme profundamente preocupado porque lo movimientos sociales han subido el tono de la violencia en el intento de conseguir sus demandas. Y es indispensable que en un momento como este, los movimientos sociales de Bolivia reflexionen sobre la necesidad indispensable de buscar la paz. Hemos estado en el borde de una confrontación que en una primera parte- y espero que última- ha costado muchas vidas de compatriotas y ninguna de ellas puede justificarse por ningún motivo. Quiero decir, la pérdida de ninguna de esas vidas, puede justificarse por ningún motivo.
Pero es justo aceptar que llegó un momento en que el nivel de violencia ejercido por esos movimientos superó la posibilidad del tradicional control del orden, que en este caso tiene que hacerse a través de los mecanismos normalmente vinculados a las fuerzas de la Policía Boliviana y requirió el recurso de convocar la presencia de miembros de las Fuerzas Armadas para buscar el control del orden.
Vamos a ver ahora que es lo que ocurrió y como se actuó en función de esa presión y de esa creciente violencia que muchas veces se desbordó de manera irracional. Aquí toca hablar de la responsabilidad del Estado a través de las instituciones que tiene bajo la conducción de un gobierno. Es sin duda una obligación del gobierno, la garantía del orden público. Es sin duda una obligación del gobierno el certificar que el cumplimiento de la Constitución se traduce en el mutuo respeto de unos con otros.
Cuando esa línea es superada, hay que definir una acción para retomar el orden, el control y los derechos de todos. Pero es aquí en que debemos analizar lo que para mi es un concepto esencial: la responsabilidad última, la responsabilidad final sobre la decisión que se toma, es la responsabilidad del poder político y es la responsabilidad del Estado.
El Estado es el que hace la administración de la violencia física y en democracia la administración de la violencia física, está en manos de las Fuerzas Armadas. El concepto puede llevar a equívocos, es un concepto que no quiere decir violencia en el sentido de su intención, sino en el sentido de quien tiene las armas para controlar el orden es el Estado a través de sus instituciones, en este caso las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
La administración serena, la administración responsable con el criterio del respeto a los derechos humanos de esa violencia física, es obligación del Estado.
En consecuencia, creo que no podemos pretender deslindar la responsabilidad aún en la evidencia de que el movimiento social generó una violencia muchas veces desmesurada, irracional y muy peligrosa. Es una ecuación particularmente peligrosa y estoy convencido de que no hay y no hubo una intención en el sentido que puede verse, de generar un daño irreparable pero lo que ocurrió es que se generó un daño irreparable. Es fundamental que el poder político asuma la lección que ha vivido. Es fundamental que seamos capaces de entender que la vida humana debe ser nuestra primera premisa en la defensa de la sociedad boliviana, porque si defendemos el Estado, si queremos y amamos a Bolivia, tenemos que defender el bien más preciado de este Estado que somos nosotros mismos, todos y cada uno de los bolivianos que conformamos y hacemos de verdad la patria. Y es necesario entender que en situaciones límite, de pronto, la cesión de posiciones personales, de pronto la flexibilidad y aún, el sacrificio final de dar un paso al costado, debe estar en nuestra mente antes que generar un conflicto con derramamiento de sangre.
Tratemos, y se lo pido no solamente a las Fuerzas Armadas, sino al país- de mirar con serenidad lo que ha ocurrido y de saber que estamos en la obligación de administrar justicia en el análisis y en el desarrollo de ese análisis de lo que ha pasado. Justicia quiere decir utilizar los mecanismos que la Constitución ya las leyes han establecido para su administración en cualquiera de los niveles que esto implique. Justicia quiere decir que no entremos en la ideologización, en la demagogia, en el revanchismo, en la justificación, en la protección y en la cobertura de lo que pasó. Justicia quiere decir que estemos dispuestos, unos y otros, a aceptar que esta se administre con equilibrio y con la certeza de que no tiene ningún objetivo subalterno que dañe ni instituciones, ni a personas ni al conjunto de la sociedad.
Quiero demandar a las Fuerzas Armadas, sobre mi respeto con ellos, sobre mi certeza de que han trabajado en cumplimiento de la Constitución y que han trabajado en la defensa de la democracia en 21 años que miremos juntos, el poder político y el poder operativo, cuando se nos ponga una circunstancia como esta, que nuestro norte, primero, es la defensa de la Patria y la defensa de la Patria es el orden, la defensa de la Patria es la democracia y la Constitución, la defensa de la Patria es la soberanía, pero también, la defensa de la Patria es la garantía de la vida de nuestros compatriotas y ante la eventual irresponsabilidad de una de las partes, el poder político tiene que ser capaz de su responsabilidad.
Y esta claro para mi. que la responsabilidad del poder político conecta a las Fuerzas Armadas en el ámbito operativo. Las Fuerzas Armadas, cumplen las ordenes del poder político en función de sus posibilidades y en función de lo que es una instrucción que tienen que cumplir. Nos toca un análisis sereno de éste tema y nos toca una acción en la que el país sepa que estamos dispuestos a afrontar sin ningún tipo de restricción, una administración correcta, en el tiempo que pasó, a través de la justicia cuando esto sea necesario.
Quiero garantizar a las Fuerzas Armadas de la Nación, que voy ha trabajar intensamente y estrechamente, con su mando, para que de aquí en adelante, ese cumplimiento de la Constitución y esa relación racional, entre el poder político y un Capitán General que toma las decisiones y unas Fuerzas Armadas que actúan en función de estas, se hagan sobre estas premisas.
Son momentos difíciles, tenemos que ser valientes, tenemos que ser capaces de enfrentar con la frente alta, con transparencia esos desafíos. Pero quiero pedirle al país que entendamos que la generación de violencia en los grados a los que ha llegado, no conduce a soluciones en las que podamos encontrar respuesta.
Si al poder político y a las Fuerzas Armadas, se les exige, la administración de la violencia, con el respeto a la vida como primer elemento, a la sociedad debemos exigirle la responsabilidad de que aún en demandas legítimas en momentos difíciles, es indispensable la racionalidad, no ir voluntariamente a actitudes que son inevitablemente suicidas, y no plantear posiciones imposibles y no generar daños irreparables al prójimo, no romper las normas de las Constitución Política del Estado, no vulnerar la Ley, no ir en la línea de la comisión de un delito o de la comisión de graves delitos.
Esta es una responsabilidad compartida, esta es una responsabilidad mutua, esta una responsabilidad del Presidente como primer servidor del país y de los últimos de los ciudadanos y todos tenemos que cumplir nuestra responsabilidad. Es fácil, cuando las cosas se han desbordado y tenemos que llorar la sangre de compatriotas, echar responsabilidades y no asumirlas que le toca a cada uno de nosotros. Si queremos actuar con transparencia, si queremos ser honestos con el país, todos, el Primer Mandatario, las Fuerzas Armadas, el conjunto de la sociedad, los movimientos sociales, tenemos que dar cuenta de nuestros actos y asumir la parte que nos toca de nuestras responsabilidades.
Sin odio y sin venganza, pero también sin olvido. La palabra justicia debe ser entendida en su justa dimensión. No destruyamos la palabra justicia ni su administración, trabajemos en función de ella.
Quiero terminar ratificando mi absoluta convicción de que las Fuerzas Armadas, hoy y mañana trabajarán, lado a lado, con el pueblo boliviano, en defensa de la democracia, en defensa de la Constitución y en ese contexto, en defensa de la vida de cada uno de nuestros compatriotas.
Subordinación y Constancia